La disonancia

Leon Festinger introdujo el constructo de “disonancia cognitiva“, que hace referencia a la desarmonía y la tensión interna del sistema de ideas, creencias o emociones-cogniciones que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Convivir con la disonancia no es fácil, pero aprender a hacerlo es necesario para preservar nuestra salud mental sin perder el sentido de la realidad. Sin perder el sentido de realidad. Realidad.

Llamar “refugiado” a alguien al que obligamos a navegar en embarcaciones precarias y absolutamente inseguras pagando a las mafias turcas cantidades desorbitadas por arriesgar su vida, es una aberración. Se paga una media superior a los mil euros por un trayecto que puedes hacer en un ferry con absoluta seguridad por escasos diez euros… es absurdo, es disonante.

Encerrar a esos mismos migrantes en una cárcel que hace la función de campo “de acogida” y que se asemeja mas a un campo de concentración de exterminio de los años cuarenta del siglo pasado, es disonante. Que muchas de las principales organizaciones de ayuda humanitaria realicen su trabajo en este contexto sin el menor cuestionamiento también es disonante.

Campo oficial de ‘acogida’ en Moria. En el pasillo de uno de los módulos donde dormirán familias de refugiados, entre concertinas y rejas, se ve una estrella de mar dibujada en la pared, bajo la está escrito un “Bienvenidos”

 

Me cuenta Yusef (por lo que tardó en decirme su nombre cuando se lo pregunté, sé que no me dio el verdadero), ante mi cuestionamiento sobre el trato vejatorio que dan a los migrantes algunos miembros de la policía y las fuerzas armadas grecas, que aunque es verdad que algunos “malos” hay, él solo tiene agradecimiento porque les salvaron la vida cuando el sobrecargado dingui rompió su motor y quedaron a la deriva. Vuelve la disonancia: agradecidos, aunque nos empujen, aunque nos griten, nos salvaron la vida.

El barco que nos lleva a Kavala, camino de Idomeni (la frontera con Macedonia) tiene varias clases, varias categorías, varios niveles, varios estratos. Los migrantes van en la categoría barata, los periodistas y reporteros gráficos predominan en la intermedia… en la “first class” van numerosos trabajadores de organizaciones como Médicos del Mundo, con sus barbas, sus rastas y, seguramente, sus ganas de ayudar. La disonancia vuelve a embargarme.

No sé si son las disonancias o el ligero meneo del barco, pero siento cierta angustia… pensar en las acciones civiles que se enfrentan a la institucionalización del drama creando espacios horizontales, asamblearios, autogestionados (en definitiva, no controlables por las instituciones clásicas de Poder Patriarcal) donde hemos podido colaborar y prestar nuestro apoyo en Lesvos (Los Plátanos, No border kitchen, Dirty Girls, Better Days for Moria y Pikpa) me devuelve el sosiego necesario para afrontar estos próximos días. Idomeni, como Calais y todos los campamentos intermedios, desborda toda realidad asumible.

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Artículo realizado por Jesús Alonso (miembro de Reciproka Subteno)

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